Emilio Herrera Linares, ingeniero militar y aviador destacado promueve la idea, junto con los directivos de la casa Zeppelin, de unir el continente europeo y sudamericano, desde Sevilla a Buenos Aires, en dirigible.
Desde el comienzo de la I Guerra Mundial, en 1914, Emilio Herrera, figura destacada por sus características personales y sus reconocidas competencias científicas e intelectuales, había estado trabajando con discreción en su idea de cruzar el Atlántico con dirigibles. A principios de 1918 presentó un memorándum al gobierno español, exponiendo todos los cálculos técnicos, con dos premisas de enorme importancia: la situación geográfica de España, cuyas costas son las que se encuentran más próximas a América en Europa y, por otro lado, por la capacidad de la ingeniería e industria españolas de construir un dirigible viable y adecuado a la empresa. La ruta planeada unía Cabo Vilaño, en las proximidades de La Coruña, con Mulgrave, en la costa este de Canadá.
Años más tarde, tras la constitución de la Sociedad de Estudios Colón, cuyo objetivo consistía en hacer realidad el proyecto de línea comercial aérea con Sudamérica, siendo Emilio Herrera su asesor técnico, encaminó sus primeros pasos en conseguir la colaboración con la Casa Zeppelin, particularmente con el apoyo de su director técnico, Hugo Eckener, por ser la única en el mundo que tenía experiencia suficiente en el establecimiento y explotación de líneas comerciales con dirigibles. Tras varios viajes a través del Atlántico y avanzados estudios se llegó a las siguientes conclusiones: Que el medio de transporte debía ser un dirigible rígido, como los fabricados por la Casa Zeppelin, que la Sociedad de Colón debía transformarse en una mercantil para acometer la construcción de los dirigibles y que Sevilla era el mejor emplazamiento para la construcción de una terminal de dirigibles.
Así se creó la Compañía Transaérea Española Colón, el 16 de septiembre de 1922 y en cuanto se obtuvo la concesión para el transporte de Sevilla a Buenos Aires, se iniciaron las primeras gestiones para la construcción del Aeropuerto Terminal de Europa para dirigibles, dotado de talleres, cobertizos de montaje y almacenaje, aeródromo, poste de anclaje y amarre, fábrica de hidrógeno, depósito de combustible, estación de radiogoniómetro, servicio meteorológico, sala de pasajeros, restaurante, servicios técnicos y administrativos, entre otras edificaciones.
El 18 de julio de 1927, el Consejo Superior de Aeronáutica, previamente autorizado por SM Alfonso XIII, designa como Delegado del Gobierno y e Interventor Técnico de la Compañía Transaérea Colón al teniente coronel Emilio Herrera Linares..
Las Autoridades locales y provinciales sevillanas apoyaron fervientemente el proyecto; se analizaron varios emplazamientos, inicialmente verificando la viabilidad de emplazarse en el Aeródromo de Tablada, pero al final se decidió establecerlo en los terrenos del cortijo de “Hernán Cebolla”, propiedad de la familia Sánchez Mejías, que desinteresadamente cedió los terrenos para tan trascendente empresa.
El día 21 de julio de 1928 se inauguraron las obras en Hernán Cebolla y no fue hasta abril de 1930 cuando aterrizó por primera vez el Graf Zeppelin en el recientemente construido campo de vuelo.
Los dirigibles Zeppelin volaron a Sevilla hasta en diecisiete ocasiones, la primera en junio de 1929 como homenaje a la Exposición Iberoamericana, pero sin aterrizar y la última en julio de 1936.
Años más tarde el emplazamiento elegido sería el terreno donde en la actualidad está ubicado el Aeropuerto de San Pablo.
Sin embargo, el proyecto a pesar del tesón y la voluntad inquebrantable de sus principales valedores y de las autoridades locales y provinciales de Sevilla, acabaría frustrándose.






