4 de abril de 1926. Sevilla se prepara para la gran fiesta del regreso de los aviadores, coincidiendo con la inauguración de la Corta y Puente de Alfonso XIII.
El 22 de enero de 1926 el Dornier Wal, bautizado como “Plus Ultra” emprendía su histórico viaje a Buenos Aires, desde Palos de la Frontera. La hazaña de Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada representó un acontecimiento mundial de primera magnitud y España entera vibró de entusiasmo ante el éxito conseguido por sus aviadores. Efectuaron un vuelo de 10.270 km, en 59 horas y 39 minutos, en siete etapas, de las que tres superaron los 2.000 km. de distancia y las 12 horas de permanencia en vuelo. La ciudad de Buenos Aires, al igual que ocurriría en todas ellas donde amerizó, tributó a los aviadores, el 10 de febrero de 1926 un multitudinario y caluroso recibimiento.
El regreso a España se realizó, paradójicamente, como auguraba el fandanguillo popular que se cantaba en Sevilla durante su viaje de ida: “Ya va Franco a Buenos Aires, ya va volando, volando, quiera Dios que venga pronto, aunque después venga andando”.
Aunque el proyecto del vuelo presentado por los aviadores prolongaba el viaje a México, América del Norte, Terranova, Azores y finalización en Vigo, la decisión del gobierno de Primo de Rivera consistió en ceder el Plus Ultra” al pueblo argentino, como muestra de hermandad hispana. Por tanto, los aviadores regresarían por mar y para ello su gobierno ofreció como medio de viaje el crucero “Buenos Aires”.
Desde hacía muchos años no se realizaba en España un recibimiento tan caluroso, fervoroso y solemne como el que tuvo lugar en Huelva, Palos de la Frontera, Sevilla y Madrid a la llegada de los tripulantes del “Plus Ultra”.
El 05 de abril llegaron a Huelva, visitaron Palos de la Frontera y, posteriormente acompañando a Su Majestad, el Rey Alfonso XIII y a otras autoridades, llegarían a Sevilla el 6 de abril de 1926, donde por primera vez navegarían por el recientemente construido Canal de Alfonso XIII e inauguraban el Puente que lleva su nombre, previa y solemnemente bendecido por el excelentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Sevilla.
Desde el 4 de abril la prensa sevillana enaltecía la proeza y animaba a los ciudadanos a participar en la gran fiesta.
El presidente de la Cámara de Comercio, Nicolás Díaz Molero exhortaba a sus representados a cerrar los establecimientos para rendir un fervoroso homenaje a los aviadores.
Desde el consistorio de la ciudad, su alcalde el Conde de Bustillo, editaba un bando exaltando la proeza de la gloriosa gesta aérea y el valor y arrojo de sus tripulantes: “Sevillanos mostraos como fuisteis siempre, nobles, generosos y entusiastas. Procurad que vuestro recibimiento a los héroes gloriosos que nos honrarán, corresponda a vuestra tradicional esplendidez y a vuestra proverbial magnificencia. Engalanad la ciudad; decorar con las mejores colgaduras casas y edificios públicos; despoblar de flores los jardines, para arrojarlas al paso de nuestros huéspedes; echar al vuelo las campanas de las torres de cien iglesias y cesad en el afanoso tráfico de toda industria y todo comercio, porque prosa más alta reclama vuestra solicitud. Procurad que los “héroes del aire” digan, como dijeron los cortesanos de Alfonso XI, cuando por primera vez puso aquí su planta el vencedor del Salado: “Quien no vio a Sevilla, no vio maravilla”. Procurad que las brisas del Guadalquivir lleven a los pueblos americanos la efusión de nuestros corazones, nuestros sentimientos, llenos de amor y gratitud. Sevillanos: ¡Viva España, viva América, viva su majestad el rey Alfonso XIII y vivan franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada!.
Paralelamente, editaba y comunicaba el completo y comprimido programa oficial de los festejos que se celebrarían en honor a los aviadores y a los marinos argentinos, que abarcaba desde la llegada del crucero a Sevilla, el día 6 de abril hasta el día 8 de abril, cuando Su Majestad el Rey salía, desde la estación ferroviaria de la Plaza de Armas, hacia Madrid.





