6, 7 y 8 de abril de 1926. Continúan los festejos y agasajos en Sevilla.
6 de abril. Recientemente inauguradas las obras del Canal y Puente de Alfonso XIII, la ciudad y sus instituciones desean ofrecer a los gloriosos visitantes su mejor recibimiento y durante el resto de la jornada del 6 y los días 7 y 8 de abril el desarrollo de los diferentes actos previstos y festejos es interminable. A continuación se destacan los más relevantes, a criterio del autor.
Desde los muelles de Tablada marchó el Rey y su séquito a la Casa Lonja donde la Cámara de Comercio ofreció un banquete y se pronunciaron los correspondientes discursos, iniciado por el del presidente de esa Institución, el señor Díaz Molero, en nombre del Comercio, de la Industria y de la Navegación sevillana.
Finalizado este, sobre las cuatro de la tarde se celebró en la Catedral un solemne “Te Deum”. En el interior de la majestuosa basílica, el Rey y los aviadores se postraban ante la venerada imagen de María en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. A estos actos religiosos asistió un público numerosísimo siendo casi imposible transitar por sus amplias naves, por los alrededores y por sus accesos.
Tras un breve y merecido receso nuestros gloriosos visitantes, alrededor de las nueve de la noche, fueron agasajados por el Ayuntamiento con una cena en el hotel Alfonso XIII para, posteriormente asistir a una función de gala en el Teatro San Fernando.
7 de abril. A las diez y media se celebró en la parroquia de San Isidoro el acto de recibirse a los aviadores como hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas y Nuestra Señora de Loreto, patrona de la Aviación. En ese acto el comandante Franco ofrendó a la Virgen de Loreto unas alhajas, que recibió en Buenos Aires con el ruego de entregarlas a tan venerada imagen.
Uno de los actos más simpáticos organizados en honor de los aviadores, según coinciden los medios gráficos y prensa escrita, tuvo lugar este día, sobre las once de la mañana en la Pirotecnia Militar. Los obreros de las fábricas militares expresaban a su compañero Pablo Rada el júbilo, admiración y entusiasmo por la hermosa hazaña que el modesto mecánico había realizado. Los aviadores, acompañados por diferentes autoridades, encabezadas por el Infante Don Carlos visitaron los talleres y desde una engalanada tribuna, acompañados por la banda del Regimiento Soria, cornetas de los regimientos de Artillería y Caballería, la práctica totalidad de los obreros de la fábrica y público asistente recibieron los homenajes correspondientes y escucharon los diferentes discursos pronunciados, iniciado por su coronel, señor Font, finalizándose el acto con desfiles de las fuerzas presentes amenizados por innumerables pasodobles interpretados por las músicas militares y ante incesantes ovaciones y vivas a los héroes del momento
A las doce se celebró el acto de entrega de terrenos por parte del Ayuntamiento al Ministro de Portugal, para construir su pabellón en la próxima exposición iberoamericana que se iba a desarrollar en la ciudad tres años más tarde.
A las doce treinta de la mañana, en el antiguo jardín de las Delicias, el Ayuntamiento de Sevilla cedió una considerable extensión de terrenos a la República Argentina para la construcción, igualmente, de su pabellón. A la llegada de Su Majestad, acompañado por el Infante Don Carlos, del Marqués de Viana, el alcalde de Sevilla, señor conde de Bustillo, de los gobernadores civil y militar y de los ministros de Marina y Fomento, una compañía de desembarco del “Buenos Aires” con bandera y tambor rindió honores mientras la banda del regimiento Soria interpretaba la Marcha Real. En otro automóvil llegaron los aviadores luciendo las llaves de gentiles hombres El comisario regio de la Exposición y gobernador civil, señor Cruz Conde, inició la sucesión de discursos y, posteriormente, se firmó el acta de cesión de terrenos y los selectos invitados asistieron al banquete con el que obsequió el embajador argentino a bordo del crucero.
A las ocho de la tarde se ofreció una comida de gala en el Real Alcázar y a las diez de la noche se inicia la fiesta organizada por el Comité de la Exposición en la Plaza de América y a las doce de la noche llegaba Su Majestad. Después de recorrer los diferentes Palacios de Arte Antiguo, de Arte Moderno y la gran pista dispuesta saludando a los asistentes se dirige al Pabellón Real donde, tras pronunciar un solemne discurso animando y ensalzando la importancia de la celebración exitosa de la próxima exposición iberoamericana, ofrece una cena de gala.
8 de abril. Durante esta jornada se celebró un almuerzo, ofrecido por el Ejército y la Marina, en el Aeródromo de Tablada y posteriormente, sobre las cinco de la tarde, en el Pabellón de Arte Antiguo, sito en la plaza de América, la Real Academia Hispano-Americana de Cádiz entregaba a los aviadores el título de académicos de esa ilustre Institución.
Tras esas intensas jornadas, autoridades, invitados y Su Majestad parten hacia Madrid, éste desde la estación ferroviaria de la Plaza de Armas.
El 16 de abril, ya en cuatro Vientos, Su Majestad impuso al comandante Franco la recién creada Medalla de Oro del “Plus Ultra” y al resto de la tripulación la recién creada Medalla Aérea.






